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Colombia y alrededores

Nevado del Huila: el volcán detrás del agua caliente del valle

Phoenix Initiative5 min de lectura

Un volcán andino nevado a lo lejos, alcanzado por la primera luz rosada del amanecer sobre cordilleras azules entre la bruma.

En una mañana despejada, desde las partes altas del valle alto del Magdalena y mirando hacia el occidente, a veces se alcanza a ver algo que no tiene ningún sentido a dos grados del ecuador: nieve. Está a unos noventa kilómetros, sobre una cresta larga que llega a 5.364 metros, y pertenece al volcán más alto de Colombia: el Nevado del Huila.

El departamento y la montaña comparten nombre, y buena parte de la geología de la región. Ese volcán es también la razón por la que cualquiera que escriba sobre el agua caliente de Rivera termina echando mano de la palabra "volcánico". La intuición es correcta a grandes rasgos y vale la pena precisarla, porque la relación entre un volcán nevado lejano y un manantial tibio en el fondo del valle es más interesante que una línea recta entre los dos.

La montaña

El Nevado del Huila no es un cono único sino un complejo volcánico alargado, una cresta de norte a sur con varias cimas, la mayor de ellas el punto más alto de la cordillera Central colombiana. Se levanta donde se encuentran tres departamentos — Huila, Cauca y Tolima — dentro de un parque nacional creado para protegerlo, en una región que es en gran medida territorio del pueblo nasa.

Su cumbre carga un glaciar, y ese glaciar es el dato decisivo. A comienzos de 2007 el hielo cubría alrededor de once kilómetros cuadrados. Viene retrocediendo desde hace décadas, como todos los glaciares tropicales de los Andes, y lo que ocurrió en los dos años siguientes aceleró la pérdida de manera brutal.

Lo que pasó en 1994 y después en 2007

La montaña tiene dos reputaciones modernas, y se las ganó de maneras distintas.

En junio de 1994, un sismo fuerte con epicentro en la región de Páez sacudió estas laderas. No hizo entrar nada en erupción. Lo que hizo fue desprender de golpe suelos saturados de agua de las vertientes, lanzando una avalancha enorme por el río Páez. Murieron alrededor de mil personas, en su mayoría de comunidades nasa de la zona de Tierradentro. Sigue siendo uno de los desastres por remoción en masa más mortales de la historia colombiana, y ocurrió sin un solo gramo de magma nuevo.

Después, tras siglos de silencio, el volcán despertó por cuenta propia. El 19 de febrero de 2007 produjo su primera erupción confirmada en tiempos modernos, seguida de otra el 18 de abril de 2007 y de un evento mayor el 20 de noviembre de 2008. Nada espectacular en clave de cine: el peligro era de otro tipo. El material caliente encontró el hielo de la cumbre, lo derritió y mandó lahares — flujos veloces de agua, ceniza y roca — otra vez por el valle del Páez, afectando poblaciones y obligando a evacuar a orillas del río.

Las dos historias enseñan lo mismo, algo que ya sabe cualquiera que viva bajo un volcán nevado: en los Andes tropicales, el peligro casi siempre es el agua, no la lava.

¿De verdad calienta los termales de Rivera?

Aquí la exactitud importa más que una frase bonita.

Rivera queda al otro lado del valle, al pie de la cordillera Oriental, a unos noventa kilómetros del volcán. No hay ninguna tubería subterránea entre los dos, y sería falso decir que el Nevado del Huila calienta el agua de Rivera en sentido directo.

Lo que sí es cierto es la causa compartida. Toda esta región está en un corredor tectónicamente activo, donde la corteza está fracturada por fallas profundas y donde el calor de abajo llega más cerca de la superficie que bajo una llanura estable. El agua lluvia se filtra por esas fracturas, a veces hasta bastante profundidad, se calienta contra la roca caliente, disuelve minerales en el camino y regresa a la superficie convertida en fuente termal. El volcán y el manantial son dos expresiones distintas de la misma geología inquieta: primos, no padre e hijo.

Es una historia menos redonda que "el volcán calienta los termales", y más precisa. También explica por qué aparece agua termal en varios puntos del Huila y no solo cerca de las cumbres.

Vivir al lado de un volcán vigilado

Colombia se toma en serio sus volcanes. El Nevado del Huila lo monitorea de manera continua el servicio geológico nacional, desde el observatorio vulcanológico de Popayán, con sismómetros, instrumentos de deformación y mediciones de gases que alimentan un sistema público de niveles de alerta que cualquiera puede consultar. Las comunidades del río Páez tienen rutas de evacuación y simulacros, y los episodios de 2007 y 2008 demostraron, desde el punto de vista de la gestión del riesgo, que el monitoreo sirve: la gente se movió antes de que llegaran los lahares.

Para una viajera en Rivera o en Neiva, las implicaciones prácticas son básicamente nulas. El valle está lejos de las zonas de amenaza, que siguen los drenajes de los flancos del propio volcán. Lo que la montaña le da al valle no es riesgo: es calor, minerales y algunos de los suelos volcánicos más fértiles del país.

Verlo, y no subirlo

No planees un ascenso. El acceso a la zona de la cumbre está restringido por riesgo volcánico y buena parte del territorio de alrededor es tierra indígena con sus propios protocolos. No es una cima para coleccionar.

Lo que sí puedes hacer es acecharlo. Desde las carreteras altas del costado occidental del valle, temprano, antes de que se arme la nube, la cresta a veces se deja ver: blanca, improbable, y desaparecida otra vez a las diez de la mañana.

El valle de abajo

Phoenix Oasis abrirá el 30 de junio de 2028 sobre 30 hectáreas cerca de Rivera, en un terreno que el proyecto describe con seis cascadas, tres nacimientos de agua dulce y una fuente termal. Esa agua caliente es la cara local de todo lo anterior: lluvia que cayó sobre estas montañas, bajó, se calentó y volvió.

El centro sigue en construcción, y la geología sobre la que se levanta va a sobrevivir a todos los planos que se dibujen para él. Entender de dónde sale de verdad el agua caliente parece la manera correcta de llegar a un lugar: saber sobre qué estás parada.

Hay más sobre la región en el Journal, y sobre las futuras estancias en la página de retiros.

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