FundaciónPor qué el trabajo social es una fundación y no un área de RSE
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Existe una versión de este artículo que empezaría con la historia de una mujer del Huila criando sola a sus hijos. Sería conmovedora y sería inventada, porque Phoenix Initiative Colombia no ha realizado ningún programa, no tiene participantes y nunca ha hablado con nadie en calidad de beneficiaria. Así que este artículo trata de diseño y no de personas que no hemos conocido.
La pregunta de diseño es estrecha y poco lucida: ¿cómo tiene que ser un programa para que una mujer que cría sola a sus hijos pueda asistir? No que quiera asistir: que pueda.
La mayoría de los programas sociales responden esa pregunta tarde, cuando la asistencia resulta despareja, y entonces la remiendan con una guardería en un rincón. Aquí la intención es responderla primero, sobre el papel, cuando el horario y el presupuesto todavía son blandos.
El trabajo de cuidado no está repartido por igual, y ese es uno de los hechos mejor documentados de la estadística social. Las encuestas nacionales de uso del tiempo en Colombia muestran de forma sostenida que las mujeres asumen la gran mayoría del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado, un patrón que se repite país tras país. Para una mujer que cría sin pareja eso no es una estadística: es una agenda sin huecos.
Ahora ponle encima un programa comunitario. Empieza a las siete de la noche, cuando hay que darles de comer a los niños. Exige asistencia semanal, sin margen para un hijo enfermo. Se hace en un sitio al que solo llega un bus que deja de pasar a las seis. Y no hay dónde dejar a una niña de cuatro años mientras su mamá está en el salón.
Nadie en esa cadena quiso excluir a nadie. El programa sencillamente está hecho para alguien que tiene pareja en casa o no tiene personas a cargo. Después, la baja asistencia se explicará como falta de interés, que es la explicación más cómoda y casi nunca la correcta.
El compromiso es que lo siguiente sea parte del programa y esté presupuestado desde el principio, en vez de ser un añadido que se recorta apenas escasea la plata.
Una guardería en la esquina del salón no es cuidado infantil. Si va a existir, tiene que ser lo bastante bueno como para que una madre pueda dejar de pensar en él, que es justamente el sentido de ofrecerlo.
Eso significa personas formadas y pagas, en número adecuado a la edad de los niños; un espacio seguro, con sombra y cerrado; reglas de protección idénticas a las que rigen en todo el resto del trabajo de la fundación; y un protocolo claro para enfermedad y emergencias. Colombia tiene experiencia institucional real en cuidado comunitario de la primera infancia, y el camino sensato es apoyarse en lo que ya existe y ya goza de confianza local en vez de improvisar un sistema paralelo.
El cuidado formado y pago tiene un segundo efecto que vale la pena nombrar: es en sí mismo empleo, en un campo donde las competencias se reconocen y se pueden llevar a otra parte.
Hay una alternativa que parece obvia: crear un programa dedicado a madres solas. Nace de una buena intención y suele salir al revés.
Un programa separado etiqueta a quienes están dentro. En un municipio pequeño, ser señalada públicamente como un caso tiene un costo, y algunas mujeres sencillamente no lo van a pagar. Además concentra la fragilidad en vez de mezclarla en un grupo más amplio, y es siempre la primera partida del presupuesto en desaparecer.
La intención es el otro camino: programas ordinarios, abiertos a todo el mundo, construidos para que la mujer con la vida menos flexible pueda asistir sin tener que pedir nada especial. Ese tipo de diseño es invisible cuando funciona. Nadie nota la barrera que nunca estuvo.
Ni relatos ni conteos de "madres apoyadas". El plan es mirar si la participación de mujeres con hijos pequeños se corresponde con su peso en la población local, si siguen asistiendo a los seis meses, y si su continuidad difiere de la del resto del grupo. Si aparece una brecha, se publicará como brecha: una falla de diseño nuestra y no una falta de compromiso de ellas.
Cada elemento anterior es un plan. No hay guardería, ni sesión, ni horario, ni mujer que haya asistido a nada.
Phoenix Oasis abrirá el 30 de junio de 2028, y el trabajo de la fundación en el Huila debe empezar antes y continuar mucho después. Escribir ahora las reglas de acceso, antes de que haya un salón que llenar, es la única manera de asegurarse de que no se escriban después para justificar a quien alcanzó a llegar. La misión y sus compromisos están en la página de la fundación.
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